PASADO IMPREDECIBLE

Poemario ganador del PREMIO LIBRO DE POEMAS INÉDITO
Alcaldía de Medellín 2020.

 

Se presentará al público en el segundo semestre de 2021.

 

Caracolas

En una esquina sucia del D.F.
hay una placa vieja, tiznada y algo tímida:
Aquí vivió el Marqués Juan de Altamira.

En la contraportada de un libro de poesía de un tal Aurelio Pozo
que me vendió el librero de la Plaza de Armas de La Habana
hay una firma en lápiz, ya casi diluida:
Familia Macías Muguercia, mil novecientos sesenta y nueve.

En Medellín, Colombia,
a igual distancia del amor y de la herida,
en el Café Bastilla,
don Ismael González, con ademán de prócer,
saca del mueble en la pared
un estuche tatuado hace tres vidas:
Colección de tangos de don Marcos Aguinaga.

Creemos en la huella y en la rúbrica,
persistentes e ingenuos,
pero no somos más que caracolas
vencidas por la paz de los relojes.

**
Recuerdo de mi padre en el durazno

El amor pasa como pasa el tiempo.
Tumbado en el solar, bajo el durazno,
mi padre repetía esas palabras
con una convicción de buen maestro
y un timbre de abogado.

Lo puedo recordar, es decir, verlo,
con esa nitidez que da a los muertos
la suma atroz de navidades lejos.

Me veía llegar, adolescente,
partido por el rayo de mis primeros besos,
árido como todo niño roto,
esperanzado como todo pájaro.

Sentate, me decía,
y yo me imaginaba la esperanza
como sus manos largas, como su tono lento,
como su forma pálida de presentarme el cielo.
Sentate, me decía.
No llorés. No hagás eso.
El amor pasa como pasa el tiempo.

Decía cosas bellas mi viejo bajo el árbol.
Cosas bellas, decía.
Cosas bellas y falsas.
Mentía y no lo culpo.
¿Cómo podía saber que tu amor vencería la miseria del tiempo
si no te conocía, si yo estaba pequeño
y vos eras apenas la más remota isla del más lejano espejo?

**
Por lo demás

Si me entero del mundo es porque el miedo me moja las rodillas.
Por lo demás, soy uno que no sabe
más que aquello que escupen los periódicos
o lo que la mujer de las revistas
me dice mientras cambio una moneda.

Si reconozco un puente es porque un día
soñé con despeñarme bajo un río
como sueñan a veces los que apuestan sus labios,
los que extrañan un hombro,
los que temen a un pubis.
Por lo demás, soy uno que desconoce el cauce,
que desaprueba el agua,
que muere si es verano.

Si canto esta mañana es porque me has limpiado la palabra,
porque escribiste vuelvo,
porque me declaraste la esperanza.
Por lo demás, soy ese que se sienta en el borde de la acera
a ver pasar el hombre de las frutas
justo a las tres y treinta de la tarde,
cuando agoniza el barrio.

**

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